¿Soy suficientemente asertivo?

Publicado en el Boletín Num. 2 – Diciembre 2007

¿Asertivo? ¿Asertividad?… mmhhh… me suena me suena. Creo que he oído esas palabras antes, pero no las ubico. Y si en vez de utilizar esos términos dijéramos “tener habilidades sociales”, el tema ya empieza a tener más sentido. Y si finalmente decimos “trata de cómo quedar bien con todo el mundo y no dejarse pisar”, quedarán aclaradas ya todas las incógnitas y la gente respirará más tranquila. Aparentemente. Porque asertividad habla de eso y no de eso.

YuppiesEl tema de las llamadas “habilidades sociales”, con su derivado, la asertividad, está cada vez más al orden del día, hasta estar convirtiéndose en el mundo empresarial, en una “moda”. Parece como si, de pronto, a todo el mundo se le hubiera ocurrido que posee pocas habilidades sociales y quisiera mejorarlas; y también parece que, si no se desarrollan al máximo estas habilidades, nunca conseguiremos vender correctamente un producto o tener éxito en nuestra profesión.

Pero cuidado, esta idea conlleva un peligro. Aquéllos que alguna vez hemos acudido a uno de los llamados “cursos de asertividad” -abocados a convertirnos en triunfadores de la vida, en brillantes “yuppies” que salen airosos de todas las situaciones que se le presentan- o hayan leído ciertos libros sobre el tema, pueden estar algo asustados (o excesivamente entusiasmados) ante la supuesta pretensión que se persigue con ellos: estar por encima de los demás, no dejarse apabullar en ningún caso y ser, en definitiva, siempre el “ganador” (por aquello de no dejarse pisar).

No. Por ahí no va. Más humilde, pero quizás también más realista, la asertividad se sitúa muy cerca de la autoestima, es la búsqueda por aumentar el respeto por uno mismo y por los demás, mejorar nuestras relaciones y, en última instancia, contribuir a desarrollar nuestras habilidades sociales.

Observemos nuestra vida cotidiana, las relaciones que tenemos, las situaciones en las que nos movemos. Constantemente, estamos interactuando con otras personas. Hay personas concretas con las que nos sentimos más inseguros o situaciones que nos hacen sentir mal, sin aparente razón. Y si esto sucede excusamos nuestro estado de ánimo culpando al otro, a la situación, al momento, pero, en el fondo, sentimos que no se nos considera como nos gustaría, o que no somos capaces de mostrarnos tal y como somos y por consiguiente…¡no nos sentimos respetados!

A todos nos pasan estas cosas en mayor o menor medida: todos somos “retraídos” en alguna situación y, por muy resueltos que creamos ser, de pronto, nos encontramos con una situación en la que “nos queda grande el saco”.

Ya sea, pues, como problema general (personas que siempre se sienten rechazadas o inferiores) o muy puntual, el caso es que sigue estando ahí el misterio del respeto y la falta del mismo. Y si no es por nuestro aspecto físico, ni la capacidad de protestar la que hace que a uno se le respete y a otro no ¿Qué es entonces esa cosa extraña que hace que unos se sientan bien con los demás y otros mal, que a unos se les respete más y a otros menos?

La respuesta no es única, porque para hacerse respetar hace falta sentirse seguro de sí mismo, y, a la vez, ser capaz de autoafirmarse, de responder correctamente a los demás, de no ser “torpe” socialmente. Y todo esto se resume en una palabra, se trata de la asertividad. Las personas que tienen la fortuna de poseer estas habilidades son las llamadas personas asertivas.

La falta de asertividad se puede entender de dos formas: poco asertivas son las personas consideradas tímidas, prestas a sentirse pisadas y no respetadas, pero también lo son los que se sitúan en el polo opuesto: la persona agresiva, que pisa a los demás y no tiene en cuenta las necesidades del otro. Ambos tienen problemas de relación y ambos son considerados, pues, faltos de asertividad, aunque el tratamiento tenga que ser forzosamente diferente en cada caso.

Sólo quien posee una alta autoestima, quien se aprecia y valora a sí mismo, podrá relacionarse con los demás en el mismo plano, reconociendo a los que son mejores en alguna habilidad, pero no sintiéndose inferior ni superior a otros. Dicho al revés, la persona no asertiva, tanto si es retraída como si es agresiva, no puede tener una autoestima muy alta, por cuanto siente la necesidad imperiosa de ser valorada por los demás.

¿ SOY SUFICIENTEMENTE ASERTIVO?

Veamos ahora, cuáles son las principales características de la conducta de las personas tímidas, agresivas y, finalmente, asertivas. Por supuesto, nadie es puramente agresivo, tímido, ni siquiera asertivo. Las personas tenemos tendencias hacia alguna de estas conductas, más o menos acentuadas, pero no existen los “tipos puros”. Por lo mismo, podemos exhibir algunas de las conductas descritas en ciertas situaciones que nos causan dificultades, mientras que en otras podemos reaccionar de forma completamente diferente. Depende de la problemática de cada uno y de la importancia que tenga ésta para la persona.

LA CONDUCTA TÍMIDA no defiende los derechos e intereses personales. Respeta a los demás, pero no a sí mismo.

  • Su volumen de voz es bajo, habla poco fluida, bloqueos, tartamudeos, vacilaciones, silencios, muletillas (…este …. ¿no?… bueno, si)
  • Huyen del contacto ocular,mirada baja, cara tensa, dientes apretados o labios temblorosos, manos nerviosas, postura tensa, incómoda Inseguridad para saber qué hacer y decir.
  • Frecuentemente se quejan de los demás (“este no me comprende”, “aquel es un egoísta y se aprovecha de mí”…)
  • Son personas “sacrificadas”. “Lo que yo sienta, piense o desee, no importa, importa lo que tú sientas, pienses o desees” Consideran que así evitan molestar u ofender a los demás
  • Tienen constantes sentimientos de culpabilidad, baja autoestima, deshonestidad emocional (pueden sentirse agresivos, hostiles, etc., pero no lo manifiestan y a veces, no lo reconocen ni ante sí mismos), ansiedad, frustración.

La persona tímida es cautelosa: no se arriesga a equivocarse, a ser rechazada o a resultar inadecuada, y como no practica no avanza, y espera que un día se levantará con la moral alta y resultará segura de sí mismapor arte de magia (evitando los malos tragos y apuros que todos tenemos que traspasar para curarnos de complejos e inseguridades y para resultar hábiles amigos y hasta publirelacionistas).

La persona tímida tiende a creer que no tiene mucho valor o capacidad, pero la realidad no es exactamente esa (muchos grandes tímidos han sido perfectamente grande genios científicos o escritores) sino que uno mismo se echa a cuestas un pedrusco, inhibiéndose con pensamientos de mal agüero. Este auto-sabotaje equivale a que estuviéramos pensando: ‘seguramente no caminaré recto y estéticamente, pareceré torpe y tropezaré’ y como fruto de esta hipótesis tan poco constructiva realmente consiguiéramos andar mal y tropezar.

LA CONDUCTA AGRESIVA defiende en exceso los derechos e intereses personales, sin tener en cuenta los de los demás: a veces, no los tiene realmente en cuenta, otras, carece de habilidades para afrontar ciertas situaciones.

  • Su volumen de voz es elevado, habla poco fluida por ser demasiado precipitada, habla tajante, interrupciones en su discruso, utilización de insultos y amenazas
  • Contacto ocular retador, cara tensa, manos tensas, postura que invade el espacio del otro, tendencia al contraataque “Ahora sólo yo importo. Lo que tú pienses o sientas no me interesa”. Piensan que si no se comportan de esta forma, serían excesivamente vulnerables
  • Lo sitúan todo en términos de ganar-perder. Pueden darse las creencias : “hay gente mala y vil que merece ser castigada” y/o “es horrible que las cosas no salgan como a mí me gustaría que saliesen”.
  • Ansiedad creciente, soledad, sensación de incomprensión, culpa, frustración.
  • Baja autoestima (de otro modo, no se defenderían tanto) sensación de falta de control, enfado cada vez más constante y que se extiende a cada vez más personas y situaciones. Honestidad emocional: expresan lo que sienten y “no engañan a nadie”.
  • Rechazo o huída por parte de los demás, conducta de “círculo vicioso” por forzar a los demás a ser cada vez más hostiles y así aumentar ellos cada vez más su agresividad.

No todas las personas agresivas lo son realmente en su interior: la conducta agresiva y desafiante es muchas veces una reacción defensiva por ser excesivamente vulnerables ante los “ataques y provocaciones ” de los demás y manifiestan con agresividad su falta de habilidad para afrontar situaciones tensas.

Muy común es también el estilo pasivo-agresivo: la persona callada y tímida en su comportamiento externo, pero con grandes dosis de resentimiento en sus pensamientos y creencias. Al no dominar una forma asertiva o agresiva para expresar estos pensamientos, las personas pasivo-agresivas utilizan métodos sutiles e indirectos: ironías, sarcasmos, indirectas, etc. Es decir, intentan que la otra persona se sienta mal, sin haber sido ellos, aparentemente, los culpables. Obviamente, esto se debe a una falta de habilidad para afrontar las situaciones de otra forma.

LA CONDUCTA ASERTIVA. Vistas ya las dos conductas que indican falta de asertividad, veamos, por fin, cómo se comporta, qué piensa y siente la persona que sí es asertiva. Lógicamente, rara vez se hallará una persona tan maravillosa que reúna todas las características; al igual que ocurre con los tipos descritos de timidez y agresividad, los rasgos que ahora presentamos son abstracciones. Por mucho, podremos encontrar a personas que se asemejen al “ideal” de persona asertiva, y podremos intentar, por medio de las técnicas adecuadas, acercarnos lo máximo posible a este modelo, pero jamás tendremos el perfil completo, ya que nadie es perfecto.

Las personas asertivas conocen sus propios derechos y los hacen valer, respetando los derechos de los demás, es decir, no van a “ganar a toda costa”, sino a “llegar a un acuerdo”.

  • Hablan fluidamente, manifiestan seguridad, no se bloquean ni usan muletillas, miran directo a los ojos pero sin desafiar, lucen relajados y cómodos..
  • Expresan con claridad, seguridad y firmeza sus sentimientos tanto positivos como negativos, defienden sin agresión, son capaces de hablar de propios gustos e intereses, de discrepar abiertamente, de pedir aclaraciones, de decir “no”.
  • Admiten y aprenden de sus propios errores y, en caso necesario, se disculpan por ellos sin temor a desvalorizarse .
  • Son capaces de iniciar y terminar relaciones de trabajo, amistad, amor, etc. en sanas condiciones.
  • Reconocen sus emociones y se hacen cargo de ellas. Orientan su agresividad en los deportes o ejercicios de relajación, o la canalizan a través de actividades intelectuales, trabajo, hobbies, etc.
  • Tienen una buena autoestima, no se sienten inferiores ni superiores a los demás, sienten satisfacción en sus relaciones, se respetan a si mismos. Irradian una sensación de control emocional.
  • Prodigan halagos con entusiasmo, aceptan elogios sin incomodad.
  • Frenan o desarman a la persona que les ataque o provoque.
  • Aún cuando se dé el conflicto, los equívocos quedan aclarados y los demás se sienten respetados y valorados.
  • La persona asertiva suele ser considerada “buena”, pero no “tonta”.

Para terminar, conviene ir reflexionando sobre algunas de las situaciones que hemos enfrentado alguna vez en la vida y que podemos manejar hábilmente si contamos con una buena dosis de asertividad:

  • Alguien nos pide que le prestemos algo (un libro, disco, dinero, etc.) y no deseamos hacerlo…
  • Alguien nos pide un favor que no queremos hacer, por ejemplo, que le acompañemos a algún sitio, hablemos por él / ella, etc…
  • Alguien nos regala algo que no estamos dispuestos a aceptar…
  • Un “amigo” insiste en darnos consejos sobre lo que debemos o no debemos hacer y consideramos que debemos tomar nuestras propias decisiones…
  • Debemos negociar un precio justo y nuestro cliente no parece muy dispuesto a ello…
  • Estamos en una situación de trabajo y nuestro jefe opina de forma diferente a la nuestra…
  • Recién nos mudamos de casa y nuestro vecino aparca su “hummer” frente a la cochera obstruyendo la salida de nuestro “tsurito”…
  • Estamos en una reunión y cuando es nuestro turno de palabra, un compañero no nos permite hablar, nos interrumpe constantemente…
  • Alguien con quien estamos conversando nos da una opinión que consideramos inadecuada, por ejemplo, respecto al racismo, ecología, machismo, religión, polìtica, futbol, etc…
  • Observamos que nuestra pareja da muestras (gestos, posturas, caras…) de estar enfadada o preocupada, pero no nos dice nada…
  • Estamos en la barra de un bar. El mesero está distraído charlando con otro cliente y no nos atiende…
  • Nuestro jefe se muestra excesivamente crítico con nuestro trabajo, sin embargo, manifiesta pocas razones objetivas y muchas interpretaciones erróneas…

¡Cómo me gusto!… Yo siempre he sido bien pagada de mi misma, tanto, que estoy pensando en subirme el sueldo. Astrid Hadad.

Acerca de chela5808

Me gusta aprender algo nuevo cada día.
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