De la Vigilancia a la Inteligencia Competitiva
Noviembre 1, 2008 at 2:17 am | In Chela emprendedora | Leave a CommentTags: educacion, education, espionaje, inteligencia competitiva, vigilancia
Probablemente las palabras desenfreno, vértigo o aceleración sean apropiadas para describir la actual situación en el mundo: la globalización sacude las antiguas reglas económicas y la revolución de las tecnologías acelera el ritmo de los cambios e impone nuevos condicionantes. Los mercados cambian, la incertidumbre aumenta. El binomio Ciencia-Tecnología nos deslumbra cada día con nuevos descubrimientos y nuevos inventos.

Necesitamos información
La tarea actual del empresario no es nada fácil. Puede verse sorprendido en cualquier momento por la aparición de nuevos productos, nuevas tecnologías, nuevos competidores o cambios en los gustos e ideología de los clientes, que pueden amenazar seriamente la buena marcha de su empresa.
La historia de la industria está llena de ejemplos de empresas, o incluso sectores completos, que sucumbieron ante la súbita aparición de una nueva tecnología. Los fabricantes de bulbos de vacío imprescindibles en los primeros aparatos de radio y televisión, no sobrevivieron a la aparición de su ventajoso sustituto: el transistor.
Vivimos una época caracterizada por el paso de la sociedad industrial a la sociedad del conocimiento. Peter Druker ha resumido certeramente esta situación: las actividades que ocupan la posición central no son ya las dedicadas a producir y distribuir objetos sino las que producen y distribuyen información y conocimiento. Para muchas organizaciones la posesión de información estratégica a escala global es un componente clave a la hora de obtener y mantener ventajas frente a la competencia.

¿Qué hacer con tanta información?
Hoy día experimentamos una angustiosa sensación de desbordamiento; no somos capaces de captar y digerir la avalancha de nuevas ideas y nuevos conocimientos; el cúmulo de fuentes de información nos hace experimentar una sensación de impotencia. Nos consuela saber que, aunque el ser humano dedicara las venticuatro horas del día a estudiar y adquirir todo el nuevo conocimiento, tampoco conseguiría ponerse al día.
Como empresarios sentimos entonces la imperiosa necesidad de encontrar la manera de tratar con eficacia la enorme cantidad de información de todo tipo que nos bombardea el mundo actual. Esta necesidad es acuciante; las empresas pueden tener sorpresas desagradables si no están bien informadas. Por ejemplo, hoy no es admisible que una empresa farmacéutica dedique tiempo y dinero a la investigación de una sustancia sin saber si ha sido previamente patentada. El costo de la ignorancia puede ser enorme.
En este contexto surge formalmente una nueva función empresarial: la Vigilancia. El objetivo de la vigilancia consiste en “proporcionar buena información a la persona idónea en el momento adecuado”. Para lograr ésto, la empresa debe decidir, en primer lugar, en qué áreas debe estar bien informada.
Aún cuando el empresario del pasado ya vigilaba, (hablaba con clientes y proveedores, asistía a ferias y exposiciones, desmenuzaba y analizaba los productos y servicios de la competencia, leía revistas técnicas, etc.) esta vigilancia era más sencilla, ya que el desarrollo de las innovaciones y la velocidad del progreso técnico era más lentos.
Hoy día la situación es más complicada, por una parte la información presenta un crecimiento exponencial y, por otra, se hace difícil detectar lo que está sucediendo, ya que buena parte de la información relevante circula a través de los llamados colegios invisibles, esto es, entre grupos de expertos, profesionales o académicos que se comunican entre sí. O está en forma de literatura gris, es decir, en documentos de difícil acceso que no se distribuyen a través de los canales de difusión convencionales.
¿Qué se debe vigilar?

Vigilar
En la empresa la información suele abordarse de forma descontinuada. Uno de los activos más importantes de la empresa, la información, suele tratarse de forma caótica. Es frecuente querer saberlo “todo de todo”, lo que conduce a un trabajo enorme, caro e inútil. en virtud de esto, se hace cada vez más necesaria, a estructuración de la función de vigilancia.
Para determinar las áreas de vigilancia pueden elegirse diferentes enfoques. Uno de los más recurridos está basado en los cuatro factores determinantes de la competitividad de las empresas (Michael Porter), a partir de ellos la empresa debe organizar su Vigilancia en cuatro ejes:
- Una vigilancia que se ocupe de la información sobre los competidores actuales y los potenciales.
- Una vigilancia que estudie los datos referentes a clientes y proveedores (evolución de las necesidades de los clientes, solvencia de los clientes, nuevos productos ofrecidos por los proveedores, etc.).
- Una vigilancia que se ocupe de las tecnologías disponibles o que acaban de aparecer, capaces de intervenir en nuevos productos o procesos.
- Una vigilancia que se ocupe de la detección de aquellos hechos exteriores que pueden condicionar el futuro, en áreas como la sociología, la política, el medio ambiente, legislaciones y reglamentos, etc.

Los cuatro puntos cardinales de la vigilancia
La vigilancia entonces puede definirse como:
El esfuerzo sistemático y organizado por la empresa para observar, captar, analizar, difundir y recuperar la información sobre los hechos del entorno económico, político, social, financiero, jurídico, tecnológico o comercial, relevantes para la misma por poder implicar una oportunidad o amenaza para ésta, con objeto de poder tomar decisiones con menor riesgo y poder anticiparse a los cambios.
De la Vigilancia a la Inteligencia Competitiva
En los últimos años la expresión Vigilancia está siendo sustituída paulatinamente por la de Inteligencia, aunque ambas palabras siguen siendo usadas indistintamente, y para algunos expertos no reviste gran diferencia entre ellas. Sin embargo existen algunos matices que pretenden justificar la progresiva sustitución de Vigilancia por Inteligencia:
- Algunos expertos atribuyen a la vigilancia el seguimiento pasivo del entorno mientras que la inteligencia, según ellos, presenta un carácter mucho más activo.
- Para otros, la diferencia reside en el carácter global de la inteligencia, que integra los resultados de la vigilancia en diferentes ámbitos. “La vigilancia comercial contribuye a la inteligencia comercial, pero no es suficiente para completar la inteligencia comercial”.
- Probablemente el argumento de más peso consiste en la adopción del vocablo “Intelligence” por el mundo anglosajón. Dada la supremacía de la literatura en inglés, este hecho resulta decisivo para explicar la popularidad creciente del término Inteligencia en todo el mundo.
De acuerdo a la concepción norteamericana la inteligencia empresarial suele denominarse Competitive Intelligence o Business Intelligence, mientras que en francés se denomina Intelligence Économique. Estas expresiones abarcan las distintas formas de vigilancia: comercial, tecnológica, jurídica, financiera, etc.
Ámbitos de aplicación de la Inteligencia Competitiva
Las aplicaciones de la Inteligencia Competitiva se encuentran básicamente en:
a) Las grandes empresas. Estas empresas necesitan imperativamente concoer lo que está sucediendo en el entorno para evitar desastres y para tomar decisiones acertadas. Disponen de medios suficientes para crear sus propias Unidades de Inteligencia, o para subcontratar a consultoras especializadas en análisis sobre determinadas áreas.
b) Las PYMES. Las PYMES no disponen de recursos humanos ni materiales para realizar tareas de Inteligencia estructurada. No obstante, la vigilancia de ciertos factores de éxito continúa siendo indispensable. El conocimiento respecto al comportamiento de las principales variables macroeconómicas, las tendencias de nuestro sector de actividad, el conocimiento de la competencia, de las innovaciones en nuevos productos y servicios que se esperan, entre otros aspectos, constituyen elementos imprescindibles para que la planificación de las metas a desarrollar tengan una base realista y puedan ser cumplidas. El conocimiento de las principales tendencias el mercado en el cual estamos insertos y los cambios en los hábitos de consumo y preferencias de nuestros clientes constituyen también un conocimiento importante.
c) Los organismos públicos de investigación. Normalmente la orientación de las líneas de investigación y la evaluación de la actividad realizada se lleva a cabo mediante comités de expertos en Centros de Investigación y Universidades.
d) Los organismos internacionales. Necesitan fijar piroridades para sus programas de investigación y evaluar los resultados, por lo que la aplicación de las herramientas de la Inteligencia podría ser muy útil.
La Inteligencia, ¿incluye el espionaje?
El concepto de inteligencia se asocia frecuentemente al espionaje. Es evidente que los Servicios de Inteligencia Británicos, la CIA y la NSA norteamericanas, y los servicios de espionaje de todas las naciones intentan continuamente apoderarse de los secretos de países considerados enemigos.
Haciendo un lado el terreno militar, el espionaje comercial e industrial, y las prácticas deshonestas han sido y siguen siendo moneda corriente. La turbulenta historia industrial esta repleta de sobornos, robos de documentos, escuchas telefónicas, inflitraciones de “topos” -disfrazados, a veces, de estudiantes en prácticas-, chantajes o contrataciones de ejecutivos de empresas rivales.
La Inteligencia Competitiva, por principio, debe ocuparse sólo de líneas de acción legales que no se deben confundir con el espionaje. Según el responsable en Francia de la SCIP (Society of Competitive Intelligence Professionals), sociedad internacional que agrupa a los practicantes y usuarios de la Inteligencia, “el espionaje supone entrar en la ilegalidad”. Algunas actividades son ilegales o inmorales (escuchas telefónicas, sobornos, etc.) mientras otras son perfectamente legales (prensa, consulta de bases de datos, entrevistas, contactos profesionales, etc.), sin por ello dejar de ser poderosas herramientas.
El espionaje industrial, la vigilancia pervertida

¿Vigilancia o espionaje?
A fines de los años setenta, fueron los japoneses quienes sufrieron más acusaciones de espionaje. Para ellos, la información es un deber, hasta el punto de que los boletos de avión para el extranjero acostumbraban llevar la siguiente mención: no se olvide de recoger cualquier información que pueda interesar a su empresa. Los japoneses, temibles vigilantes que preparaban las visitas a empresas como verdaderas operaciones de comando en las que cada cual tiene una misión precisa, franquean a veces la tenue frontera que separa la vigilancia del espionaje. Toda ocasión es buena para recoger información.
Hubo japonenes que se entrenaron para memorizar las piezas que observaban durante una visita a una emprea, sus visitas excesivamente frecuentes a los lavabos, con el objeto de dibujar lo observado, despertaron la sospecha de un responsable de seguridad. Otro grupo fue sorprendido calzado con unos extraños zapatos de suela adhesivas capaces de recoger cualquier fragmento de material caído al suelo.
En una ocasión, una delegación oficial japonesa hizo una visita a un laboratorio fotográfico europeo. Sus miembros, respetables hombres de negocios, iban vestidos con extrema corrección. Pero cuando se inclinaban sobre las piletas, sus corbatas rozaban distraídamente el reactivo, que absorbían rápidamente por capilaridad. De regreso al hotel, los visitantes nipones, recogían los reactivos que pensaban llevar de regreso a Tokio para ser analizados. Puesto al corriente por los servicios de contraespionaje, el director de la fábrica esperó al último día de visita para presentar la sala que contenía productos especialmente importantes. Pero en el momento de la despedida, explicó a la delegación japonesa que una costumbre en vigor en Occidente exigía un intercambio de corbatas. La estratagema nipona fue desbaratada sin salirse de las normas, por lo que la firma europea no tuvo necesidad de acusar de espionaje a los japoneses.
¿Soy suficientemente asertivo?
Diciembre 4, 2007 at 10:01 am | In Chela emprendedora | Leave a CommentTags: agresividad, asertividad, asertivo, desarrollo personal, educacion, education, gerencia, liderazgo, timidez
Publicado en el Boletín Num. 2 – Diciembre 2007
¿Asertivo? ¿Asertividad?… mmhhh… me suena me suena. Creo que he oído esas palabras antes, pero no las ubico. Y si en vez de utilizar esos términos dijéramos “tener habilidades sociales”, el tema ya empieza a tener más sentido. Y si finalmente decimos “trata de cómo quedar bien con todo el mundo y no dejarse pisar”, quedarán aclaradas ya todas las incógnitas y la gente respirará más tranquila. Aparentemente. Porque asertividad habla de eso y no de eso.
El tema de las llamadas “habilidades sociales”, con su derivado, la asertividad, está cada vez más al orden del día, hasta estar convirtiéndose en el mundo empresarial, en una “moda”. Parece como si, de pronto, a todo el mundo se le hubiera ocurrido que posee pocas habilidades sociales y quisiera mejorarlas; y también parece que, si no se desarrollan al máximo estas habilidades, nunca conseguiremos vender correctamente un producto o tener éxito en nuestra profesión.
Pero cuidado, esta idea conlleva un peligro. Aquéllos que alguna vez hemos acudido a uno de los llamados “cursos de asertividad” -abocados a convertirnos en triunfadores de la vida, en brillantes “yuppies” que salen airosos de todas las situaciones que se le presentan- o hayan leído ciertos libros sobre el tema, pueden estar algo asustados (o excesivamente entusiasmados) ante la supuesta pretensión que se persigue con ellos: estar por encima de los demás, no dejarse apabullar en ningún caso y ser, en definitiva, siempre el “ganador” (por aquello de no dejarse pisar).
No. Por ahí no va. Más humilde, pero quizás también más realista, la asertividad se sitúa muy cerca de la autoestima, es la búsqueda por aumentar el respeto por uno mismo y por los demás, mejorar nuestras relaciones y, en última instancia, contribuir a desarrollar nuestras habilidades sociales.
Observemos nuestra vida cotidiana, las relaciones que tenemos, las situaciones en las que nos movemos. Constantemente, estamos interactuando con otras personas. Hay personas concretas con las que nos sentimos más inseguros o situaciones que nos hacen sentir mal, sin aparente razón. Y si esto sucede excusamos nuestro estado de ánimo culpando al otro, a la situación, al momento, pero, en el fondo, sentimos que no se nos considera como nos gustaría, o que no somos capaces de mostrarnos tal y como somos y por consiguiente…¡no nos sentimos respetados!
A todos nos pasan estas cosas en mayor o menor medida: todos somos “retraídos” en alguna situación y, por muy resueltos que creamos ser, de pronto, nos encontramos con una situación en la que “nos queda grande el saco”.
Ya sea, pues, como problema general (personas que siempre se sienten rechazadas o inferiores) o muy puntual, el caso es que sigue estando ahí el misterio del respeto y la falta del mismo. Y si no es por nuestro aspecto físico, ni la capacidad de protestar la que hace que a uno se le respete y a otro no ¿Qué es entonces esa cosa extraña que hace que unos se sientan bien con los demás y otros mal, que a unos se les respete más y a otros menos?
La respuesta no es única, porque para hacerse respetar hace falta sentirse seguro de sí mismo, y, a la vez, ser capaz de autoafirmarse, de responder correctamente a los demás, de no ser “torpe” socialmente. Y todo esto se resume en una palabra, se trata de la asertividad. Las personas que tienen la fortuna de poseer estas habilidades son las llamadas personas asertivas.
La falta de asertividad se puede entender de dos formas: poco asertivas son las personas consideradas
tímidas, prestas a sentirse pisadas y no respetadas, pero también lo son los que se sitúan en el polo opuesto: la persona agresiva, que pisa a los demás y no tiene en cuenta las necesidades del otro. Ambos tienen problemas de relación y ambos son considerados, pues, faltos de asertividad, aunque el tratamiento tenga que ser forzosamente diferente en cada caso.
Sólo quien posee una alta autoestima, quien se aprecia y valora a sí mismo, podrá relacionarse con los demás en el mismo plano, reconociendo a los que son mejores en alguna habilidad, pero no sintiéndose inferior ni superior a otros. Dicho al revés, la persona no asertiva, tanto si es retraída como si es agresiva, no puede tener una autoestima muy alta, por cuanto siente la necesidad imperiosa de ser valorada por los demás.
¿ SOY SUFICIENTEMENTE ASERTIVO?
Veamos ahora, cuáles son las principales características de la conducta de las personas tímidas, agresivas y, finalmente, asertivas. Por supuesto, nadie es puramente agresivo, tímido, ni siquiera asertivo. Las personas tenemos tendencias hacia alguna de estas conductas, más o menos acentuadas, pero no existen los “tipos puros”. Por lo mismo, podemos exhibir algunas de las conductas descritas en ciertas situaciones que nos causan dificultades, mientras que en otras podemos reaccionar de forma completamente diferente. Depende de la problemática de cada uno y de la importancia que tenga ésta para la persona.
LA CONDUCTA TÍMIDA no defiende los derechos e intereses personales. Respeta a los demás, pero no a sí mismo.
- Su volumen de voz es bajo, habla poco fluida, bloqueos, tartamudeos, vacilaciones, silencios, muletillas (…este …. ¿no?… bueno, si)
- Huyen del contacto ocular,mirada baja, cara tensa, dientes apretados o labios temblorosos, manos nerviosas, postura tensa, incómoda Inseguridad para saber qué hacer y decir.
- Frecuentemente se quejan de los demás (“este no me comprende”, “aquel es un egoísta y se aprovecha de mí”…)
- Son personas “sacrificadas”. “Lo que yo sienta, piense o desee, no importa, importa lo que tú sientas, pienses o desees” Consideran que así evitan molestar u ofender a los demás
- Tienen constantes sentimientos de culpabilidad, baja autoestima, deshonestidad emocional (pueden sentirse agresivos, hostiles, etc., pero no lo manifiestan y a veces, no lo reconocen ni ante sí mismos), ansiedad, frustración.
La persona tímida es cautelosa: no se arriesga a equivocarse, a ser rechazada o a resultar inadecuada, y como no practica no avanza, y espera que un día se levantará con la moral alta y resultará segura de sí mismapor arte de magia (evitando los malos tragos y apuros que todos tenemos que traspasar para curarnos de complejos e inseguridades y para resultar hábiles amigos y hasta publirelacionistas).
La persona tímida tiende a creer que no tiene mucho valor o capacidad, pero la realidad no es exactamente esa (muchos grandes tímidos han sido perfectamente grande genios científicos o escritores) sino que uno mismo se echa a cuestas un pedrusco, inhibiéndose con pensamientos de mal agüero. Este auto-sabotaje equivale a que estuviéramos pensando: ’seguramente no caminaré recto y estéticamente, pareceré torpe y tropezaré’ y como fruto de esta hipótesis tan poco constructiva realmente consiguiéramos andar mal y tropezar.
LA CONDUCTA AGRESIVA defiende en exceso los derechos e intereses personales, sin tener en cuenta los de los demás: a veces, no los tiene realmente en cuenta, otras, carece de habilidades para afrontar ciertas situaciones.
- Su volumen de voz es elevado, habla poco fluida por ser demasiado precipitada, habla tajante, interrupciones en su discruso, utilización de insultos y amenazas
- Contacto ocular retador, cara tensa, manos tensas, postura que invade el espacio del otro, tendencia al contraataque “Ahora sólo yo importo. Lo que tú pienses o sientas no me interesa”. Piensan que si no se comportan de esta forma, serían excesivamente vulnerables
- Lo sitúan todo en términos de ganar-perder. Pueden darse las creencias : “hay gente mala y vil que merece ser castigada” y/o “es horrible que las cosas no salgan como a mí me gustaría que saliesen”.
- Ansiedad creciente, soledad, sensación de incomprensión, culpa, frustración.
- Baja autoestima (de otro modo, no se defenderían tanto) sensación de falta de control, enfado cada vez más constante y que se extiende a cada vez más personas y situaciones. Honestidad emocional: expresan lo que sienten y “no engañan a nadie”.
- Rechazo o huída por parte de los demás, conducta de “círculo vicioso” por forzar a los demás a ser cada vez más hostiles y así aumentar ellos cada vez más su agresividad.
No todas las personas agresivas lo son realmente en su interior: la conducta agresiva y desafiante es muchas veces una reacción defensiva por ser excesivamente vulnerables ante los “ataques y provocaciones ” de los demás y manifiestan con agresividad su falta de habilidad para afrontar situaciones tensas.
Muy común es también el estilo pasivo-agresivo: la persona callada y tímida en su comportamiento externo, pero con grandes dosis de resentimiento en sus pensamientos y creencias. Al no dominar una forma asertiva o agresiva para expresar estos pensamientos, las personas pasivo-agresivas utilizan métodos sutiles e indirectos: ironías, sarcasmos, indirectas, etc. Es decir, intentan que la otra persona se sienta mal, sin haber sido ellos, aparentemente, los culpables. Obviamente, esto se debe a una falta de habilidad para afrontar las situaciones de otra forma.
LA CONDUCTA ASERTIVA. Vistas ya las dos conductas que indican falta de asertividad, veamos, por fin, cómo se comporta, qué piensa y siente la persona que sí es asertiva. Lógicamente, rara vez se hallará una persona tan maravillosa que reúna todas las características; al igual que ocurre con los tipos descritos de timidez y agresividad, los rasgos que ahora presentamos son abstracciones. Por mucho, podremos encontrar a personas que se asemejen al “ideal” de persona asertiva, y podremos intentar, por medio de las técnicas adecuadas, acercarnos lo máximo posible a este modelo, pero jamás tendremos el perfil completo, ya que nadie es perfecto.
Las personas asertivas conocen sus propios derechos y los hacen valer, respetando los derechos de los demás, es decir, no van a “ganar a toda costa”, sino a “llegar a un acuerdo”.
- Hablan fluidamente, manifiestan seguridad, no se bloquean ni usan muletillas, miran directo a los ojos pero sin desafiar, lucen relajados y cómodos..
- Expresan con claridad, seguridad y firmeza sus sentimientos tanto positivos como negativos, defienden sin agresión, son capaces de hablar de propios gustos e intereses, de discrepar abiertamente, de pedir aclaraciones, de decir “no”.
- Admiten y aprenden de sus propios errores y, en caso necesario, se disculpan por ellos sin temor a desvalorizarse .
- Son capaces de iniciar y terminar relaciones de trabajo, amistad, amor, etc. en sanas condiciones.
- Reconocen sus emociones y se hacen cargo de ellas. Orientan su agresividad en los deportes o ejercicios de relajación, o la canalizan a través de actividades intelectuales, trabajo, hobbies, etc.
- Tienen una buena autoestima, no se sienten inferiores ni superiores a los demás, sienten satisfacción en sus relaciones, se respetan a si mismos. Irradian una sensación de control emocional.
- Prodigan halagos con entusiasmo, aceptan elogios sin incomodad.
- Frenan o desarman a la persona que les ataque o provoque.
- Aún cuando se dé el conflicto, los equívocos quedan aclarados y los demás se sienten respetados y valorados.
- La persona asertiva suele ser considerada “buena”, pero no “tonta”.
Para terminar, conviene ir reflexionando sobre algunas de las situaciones que hemos enfrentado alguna vez en la vida y que podemos manejar hábilmente si contamos con una buena dosis de asertividad:
- Alguien nos pide que le prestemos algo (un libro, disco, dinero, etc.) y no deseamos hacerlo…
- Alguien nos pide un favor que no queremos hacer, por ejemplo, que le acompañemos a algún sitio, hablemos por él / ella, etc…
- Alguien nos regala algo que no estamos dispuestos a aceptar…
- Un “amigo” insiste en darnos consejos sobre lo que debemos o no debemos hacer y consideramos que debemos tomar nuestras propias decisiones…
- Debemos negociar un precio justo y nuestro cliente no parece muy dispuesto a ello…
- Estamos en una situación de trabajo y nuestro jefe opina de forma diferente a la nuestra…
- Recién nos mudamos de casa y nuestro vecino aparca su “hummer” frente a la cochera obstruyendo la salida de nuestro “tsurito”…
- Estamos en una reunión y cuando es nuestro turno de palabra, un compañero no nos permite hablar, nos interrumpe constantemente…
- Alguien con quien estamos conversando nos da una opinión que consideramos inadecuada, por ejemplo, respecto al racismo, ecología, machismo, religión, polìtica, futbol, etc…
- Observamos que nuestra pareja da muestras (gestos, posturas, caras…) de estar enfadada o preocupada, pero no nos dice nada…
- Estamos en la barra de un bar. El mesero está distraído charlando con otro cliente y no nos atiende…
- Nuestro jefe se muestra excesivamente crítico con nuestro trabajo, sin embargo, manifiesta pocas razones objetivas y muchas interpretaciones erróneas…
¡Cómo me gusto!… Yo siempre he sido bien pagada de mi misma, tanto, que estoy pensando en subirme el sueldo. Astrid Hadad.
El Pensamiento Lateral
Noviembre 28, 2007 at 12:02 am | In Chela emprendedora | 1 CommentTags: creatividad, desarrollo personal, liderazgo, pensamiento lateral, percepcion
Artículo publicado en el Boletín Num. 1 – Noviembre 2007
Cuántas veces en nuestras actividades diarias se nos han presentado problemas que en apariencia son insolubles, no contienen la información suficiente para poder llegar a una solución o si llegamos a ella creemos que es la única posible.
Nuestro primer impulso es enfrentar los problemas basándonos en estereotipos, usando información pasada que en algún momento pudo haber sido valiosa o correcta y que creemos que necesariamente debería serlo en esta nueva situación. En nuestra búsqueda de alternativas tendemos a considerar sólo aquéllos enfoques que tienen cierto sentido común, cierta obviedad, cierta lógica según nuestro modo natural de pensar.
Y así podemos pasarnos un buen rato devanándonos los sesos tratando de encontrarle la cuadratura al círculo, y montamos nuestro pensamiento en un burrito que nos conduce por una línea tan estrecha que cuando ésta llega a su final ya no hay forma de avanzar. Entoneces, cuando nuestro camino de pensamiento lógico se agota, intuimos que se necesita avanzar desde otro lugar, desde una dirección completamente distinta.
Y a partir de ahí, si aún no nos hemos dado por vencidos, comenzamos a explorar alternativas reordenando la información disponible, buscando el mayor número posible de enfoques, incluso aquéllos que nos parecían ridículos o carentes de sentido común, aceptamos ahora que lo obvio ya no es tan obvio y que los prejuicios sólo nos estorban pues nos hicieron asumir casi sin darnos cuenta presunciones acerca de la situación que pueden resultar falsas.
Entonces descubrimos que no solamente hemos llegado a una solución satisfactoria al problema sino que han surgido de nuestro pensamiento diversas soluciones posibles, todas ellas campo virgen para ser posteriormente exploradas. Es el momento glorioso cuando finalmente al acceder a la respuesta uno se pregunta “cómo no se me ocurrió antes”.
Descubrimos que cualquier modo de valorar una situación es sólo uno de los muchos modos posibles de valorarla. Pues resulta que éste es el primer principio básico del llamado Pensamiento Lateral, término acuñado por Edward de Bono en los años 70’s.
Edward De Bono es el gurú máximo de creatividad empresarial en el mundo. Sus conferencias se dictan por el mundo entero tanto sea en claustros académicos como en reductos empresariales o ámbitos educativos. Ya nadie duda de la importancia de la creatividad como activo diferenciador en los tiempos actuales. Pero, ¿qué dicen de cuando De Bono comenzó con su predica allá por los 70?

El pensamiento lateral no es más que un camino de escape a la forma de pensar tan tradicional, tan enquistada que no nos deja ver otras opciones que las mismas que ve todo el mundo. Es un vuelo cerebral hacia nuevas oportunidades.Dice De Bono en una de sus conceptualizaciones básicas (a su vez su mayor contribución):
“para poder hacer pleno uso de la creatividad es preciso extirparle el halo místico y considerarla como un modo de emplear la mente y manejar la información. Tal es la función del Pensamiento lateral.”
Entonces la mayor contribución de Edward de Bono no es aportar un camino metodológico para aproximarse a la creatividad (aunque no sea poca cosa) sino difundir hasta el cansancio, hasta convencer a cientos de miles de personas que dentro de sus estructuras cognitivas hay espacio para la creación original.
El pensamiento lateral está estrechamente relacionado con la percepción. Por medio de él, tratamos de proponer diferentes puntos de vista a la hora de enfocar una situación. Todos los puntos de vista son correctos y pueden coexistir. El pensamiento lateral, al igual que la percepción, se relaciona con la exploración de la situación.
Tanto la innovación como la creatividad requieren la utilización del pensamiento lateral. Es preferible que alguna de las ideas sea errónea, que no llegar a ninguna idea creadora. Por todo esto, entendemos el pensamiento lateral como una herramienta para recapacitar sobre los problemas más que para solucionarlos directamente.
Son cuatro las principales funciones a desarrollar en el pensamiento lateral:
- Explorar
- Escuchar y aceptar otros puntos de vista.
- Buscar alternativas.
- Estimular:
- Promover el uso de la fantasía.
- Estimular el humor.
- Liberar:
- Introducir discontinuidad.
- Escapar de ideas preestablecidas
- Contrarrestar la rigidez:
- Evitar dogmatismos.
- Oponerse a una sola manera de ver las cosas.
El pensamiento lateral no es una receta mágica, sino una herramienta para resolver el tipo de problemas que suele presentársenos con mucha frecuencia en la vida real, es una excelente alternativa ante “bloqueos” o situaciones que demandan una visión amplia de todos sus aspectos.
Puede parecer que el cultivo y el uso del pensamiento lateral se hace en detrimento del pensamiento lógico (también llamado pensamiento vertical). No es así. Ambos procesos son complementarios. El pensamiento lateral es útil para generar ideas y nuevos modos de ver las cosas y el pensamiento lógico es necesario para su subsiguiente enjuiciamiento y su puesta en práctica.
El pensamiento lateral aumenta la eficacia del pensamiento lógico al poner a su disposición un gran número de ideas de las que aquél puede seleccionar las más adecuadas. El pensamiento lateral es útil sólo en la fase creadora de las ideas y de los nuevos enfoques de problemas y situaciones. Su selección y elaboración final corresponden al pensamiento lógico.
El pensamiento lógico es de utilidad constante mientras que el pensamiento lateral es necesario sólo en ocasiones en las cuales el pensamiento lógico no constituye el mejor mecanismo.
He aquí un típico caso de pesnamiento lateral:
Hace muchos años, cuando una persona podía ser encarcelada por deudas, un comerciante de Londres tuvo la desgracia de deber una gran suma a un prestamista. A éste, que era viejo y feo, le gustaba la hermosa hija adolescente del comerciante, y por ello planteó la solución siguiente: cancelar la deuda a cambio de la hija.
Tanto el comerciante como su hija se horrorizaron ante la propuesta. Entonces el astuto prestamista propuso que la Providencia decidiera. Les dijo que pondría una piedra negra y otra blanca en una bolsa vacía, y que la niña tendría que sacar una de ellas. Si sacaba la negra, se convertiría en su esposa y la deuda quedaría cancelada. Si tomaba la blanca, permanecería con su padre, y la deuda también se cancelaría. Pero si se negaba a extraer una piedra, el padre iría a la cárcel y ella se moriría de hambre.
El padre aceptó de mala gana. Estaban en un camino del jardín del comerciante y el prestamista se agachó a recoger las dos piedras. Mientras lo hacía, la niña, con la vista aguzada por el temor, notó que tomaba dos piedras negras y las metía en la bolsa. Luego le pidió a la muchacha que sacara la piedra que decidiría su destino y el de su padre.
¿Qué habría hecho usted si hubiera estado en el lugar de la desdichada niña? Si tuviera que aconsejarle, ¿qué le recomendaría?
¿Qué razonamientos usaría usted para resolver el problema? Tal vez crea que, de existir una solución, un análisis lógico cuidadoso permita encontrarla.
Según la lógica existen tres posibilidades:
1. La muchacha debe negarse a sacar una piedra.
2. Debe mostrar que hay dos piedras negras en la bolsa y revelar la trampa del prestamista.
3. Debe sacar una piedra y sacrificarse para salvar a su padre de la prisión.
Ninguna de estas sugerencias es de gran ayuda, pues si la niña no saca una piedra el padre va a la cárcel y si lo hace, tiene que casarse con e prestamista.
En este caso, el pensamiento «vertical» o lógico está preocupado po el hecho de que la muchacha debe extraer una piedra y adopta el punto de vista más razonable en esa situación, y luego procede a examinarla lógica y cuidadosamente. El cambio, el pensamiento «lateral» se preocupa por la piedra que queda y tiende a investigar todas las distintas soluciones. La muchacha del cuento de las piedras metió la mano en la bolsa y extrajo una piedra. Sin mirarla, la dejó caer sobre el camino, donde inmediatamente se perdió entre las otras.
«Qué torpeza de mi parte —dijo— pero no se preocupen: si miran en la bolsa podrán decir qué piedra saqué por el color de la que queda.»
Como por supuesto, la piedra que queda es negra, cabe suponer que tomó la blanca, y el prestamista no se atreverá a admitir su deshonestidad. Así, al emplear el pensamiento lateral, la muchacha convierte lo que parecía una situación imposible en otra sumamente ventajosa. En realidad, está en mejor posición que si el prestamista hubiera sido honesto y hubiera puesto una piedra negra y otra blanca en la bolsa, pues entonces habría tenido sólo un 50% de posibilidades de salvarse. Ahora tiene la seguridad de permanecer con su padre y al mismo tiempo de cancelar la deuda.
Sólo unas pocas personas poseen una aptitud natural para el pensamiento lateral, pero todos podemos desarrollar nuestras capacidades si nos dedicamos deliberadamente a hacerlo. La educación ortodoxa generalmente no hace nada por fomentar el hábito del pensamiento lateral y lo inhibe a través de la necesidad de conformarse a los sucesivos moldes de examen.
El pensamiento lateral puede aprenderse y aplicarse para nuestro provecho. Es una actitud y un hábito mental. Es cuestión de toma de conciencia y de práctica; no de revelación.
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